Proseguimos viaje por la carretera costera, una pasada. Al oeste el mar de Tasmania. Al este, impresionantes montañas, los Alpes neozelandeses. Ya se me están poniendo los dientes largos, vendré a hacer alguna ruta por aquí, por la zona del monte Cook.
Hacemos paradita para comer en un lago. Estoy cansada de conducir y quiero siesta. Eva no perdona el baño. Pero nada de siesta. Por esta zona campan a sus anchas las Sandfly, unas moscas minúsculas cuyas hembras tienen por costumbre chupar la sangre de los humanos. ¡Y vaya como muerden! Incluso a mí... Me emparanoyo y nos vamos. No paro hasta llegar al hostel, en Wanaka. Ya se nota que esta zona es más turística, está muy cerca de Queenstown, que es el top. Hay gente por la calle y las terrazas se ven animadas. Habrá que tomar una cerveza... Así que salimos del hostel y nos vamos a ver un poco el paisanaje. La mayoría guiris. Desde que estamos en esta isla no vemos gordos, ni maorís, habrá que investigarlo.
El segundo dís de viaje es más monótono. El viaje no es muy largo y no tiene paradas intermedias interesantes. Queremos llegar pronto a Te Anau para pillar la i-site abierta y enterarnos cómo va el tema de la visita al fiordo de marras Ah, y parar en una farmacia a comprar repelente. A partir de ahora hay que añadir el repelente a la crema solar, ¡qué asco de pringue!
El hostel era cutrillo, pero ¡vaya vistas! Y sí, el tenderete es nuestro. |
Queridas, no conseguís dar pena ni con moscas ni con repelentes pringosos ni con hostels cutrillos, ni con rutas cerradas....
ResponderEliminar¿Por qué no os quedasteis aquí, con gripes, nieves y ahora venga de lluvias...?
En el pecado lleváis la penitencia; y es que ya se sabe: como en casa en ningún sitio!
Louise