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sábado, 27 de septiembre de 2014

DUBROVNIK II


Una de las cosas más recomendables de Dubrovnik es recorrer sus murallas. No sólo porque en sí son espectaculares, sino porque se ve la ciudad desde una perspectiva diferente. Se ven las casas de la gente, sus colgadores, sus jardines... Parece mentira que vivan con normalidad en una ciudad tan tomada por el turismo.
Otra cosa que llama mucho la atención son los tejados. Hay muchísimos, la ciudad era grande, y casi todos son muy nuevos. No hay que olvidar que aquí también sufrieron un bombardeo que afectó al 68% de los edificios y calles y en el que se derrumbaron dos de cada tres tejados. Las murallas recibieron 111 impactos directos. Datos cortesía de la Lonely. Es estremecedor pensarlo, pero aquí no se percibe la sombra de la guerra, por lo menos como nosotras la percibimos en Mostar y en Sarajevo.

Después fuimos a tomar una cerveza a un bar que está al pie de las murallas, cara al mar. Desde allí empezamos a ver relámpagos pero como no oíamos truenos no nos preocupamos mucho. Ingenuas nosotras, ¡a nuestra edad! Cuando nos fuimos de allí nos dimos cuenta que eran las murallas las que amortiguaban los truenos, no tardó ni 3 minutos en estallar una tormenta del demonio. Ni nuestros paraguas nos libraron de la lluvia racheada. Acarrearlos todo el día para eso...

Fuimos a cenar a un restaurante en una calita supercuqui, que era nuestra última cena, Louise me abandona y tendré que tomar el camino de vuelta sola


Aquí tenéis la perspectiva del aventurero del mencionado bar, y otra entrada que hizo sobre Dubrovnik
http://viajesmorrocotudos.blogspot.com.es/2011/03/buza-bar.html
http://viajesmorrocotudos.blogspot.com.es/2011/02/guerra-de-los-valcanes.html


DUBROVNIK I


Todos los pronósticos seguían amezando lluvia pero viendo que el cielo estaba despejado mientras desayunábamos, cargamos pareo, bikini, paraguas y rebequita (preparadas para cualquier circunstancia), y nos dirigimos como alma que lleva el diablo hacia el Puerto Viejo, lugar de donde parte el barco que lleva a la isla de Lokrum, una pequeña isla-parque natural en donde esperamos gozar por última vez de las estupendas aguas del Adriático.

Pero para ello había que atravesar la calle principal del casco antiguo, repleta a más no poder, absolutamente atestada de grupos de todo tipo y condición. En esos casos hay más remedio que acompasar el paso al de la masa, no hay katana que valga.

Todo tiene su compensación. El tiempo seguía siendo estupendo y encontramos una playa, unas rocas acondicionadas más bien, ¡nudista! Echamos de menos las gafas, el tubo y las aletas, pero sí hubiera dido mucho acarrear... Eso sí, cualquier día nos encontráis en Instagram o así: la gente, peligro amarillo en su mayoría, que pasaba cerca de la orilla en embarcaciones varias no se cortaba un pelo a la hora de hacer fotos. Por cierto, ¿alguien sabe qué hace luego el peligro amarillo con las fotos que hace? No les puede dar un sola vida para verlas y organizarlas.

Después de comer de picnic en la isla, volvimos a Dubrovnik a cumplir con las tareas turísticas oficiales.