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sábado, 22 de marzo de 2025

SAN PEDRO DE ATACAMA II


Lo dicho. Hice unas  cuantas excursiones. Todas con agencia. Yo contraté todas (menos una, la del Cerro Toco) con una agencia de Internet, pero luego me han ido colocando con diversas agencias que tiene oficina real en San Pedro. Y luego éstas te recolocan en otra si les conviene. El funcionamiento es similar en todas: la víspera crean un grupo de guatxap para darte las instrucciones de recogida del día siguiente, ya que normalmente te pasan a buscar a tu alojamiento, e indicaciones de calzado, ropa y demás dependiendo de la salida que sea. Todas mandan llevar una exagerada cantidad de agua. Vale, hace calor, y como algunas salidas suben hasta más de 4000 m de altitud, les parecerá que bebiendo y meando te va a dar menos mal de altura. Digo yo. No llevé la cantidad que dicen, y he bebido todavía menos de lo que he llevado. 

Como esto es Chile, el único problema es intentar no ponerte nerviosa si a las 8 de la tarde-noche todavía nadie se ha puesto en contacto contigo. 

Vamos con las salidas, en orden cronológico. 

VALLE DE LA LUNA: le llaman así por el parecido a los cráteres de la luna.

La verdad es que es un paisaje fascinante. También era la primera toma de contacto con la zona, pero así y todo. Se ven formaciones rocosas modeladas por la erosión, mantos de sal, y montones de cristales salinos que brillan con el sol. Creo que merece mucho la pena. Hay dunas. Algunas inmensas. Pero la arena no viene de la erosión de las propias montañas de la Cordillera de la Sal donde se encuentra, sino que viene de otras cordilleras aledañas empujadas por el viento. Hay restos de antiguas minas de sal. Cuando acabas, te llevan a un mirador a ver la puesta de sol. Miríadas de personas teléfono en ristre para sacar fotos. Y no fue nada espectacular. Lo más bonito, ver cambiar el color de las montañas, bueno, volcanes, que estaban a la espalda de la gente.

CERRO TOCO: ésta no está entre las salidas típicas. Vi que una agencia ofrecía salidas más de montaña y me puse a trastear en Internet hasta que di con una que lo hacía. Le dije las fecha que tenía disponibles y me dijo que

tenía un hueco el tercer día que estaba en San Pedro. Lo razonable hubiera sido hacer primero algún salida de las que te suben a más de 4000 m, pero la cosa fue como fue. Así que allí me fui, a una salida que te sube en coche hasta 5150 m. de golpe, así, sin aclimatar. Según me bajé del coche tuve una sensación de mareo que me hacía moverme más lento que un oso perezoso, sobre todo a la hora de mirar a los lados o hacer una foto. Son menos de dos horas de subida, muy tendida y por buen sendero, para llegar a los 5604 m con los que rompí mi techo. Porque aunque le llamen Cerro, no deja de ser una señora montaña. Causalidad estaba leyendo un libro de Iñaki Ochoa de Olza, y cada vez que respiraba me acordaba de las descripciones del sufrimiento, del agotamiento, también de la épica del montañismo... bueno, qué pasa, para mí era mucho lo que estaba haciendo. Sería la hipoxia. Me encantó. No sólo por la emoción de la subida y del hito que suponía para mí. Estos paisajes son alucinantes y las vistas desde arriba abarcan la inmensidad de desierto que es esta zona. 

RUTA DE LOS SALARES: fue una ruta panorámica, esto es, íbamos en coche y parábamos en determinados puntos a ver y hacer fotos. Sea porque el guía

no era muy dado a dar muchas explicaciones o porque tampoco dana para mucho, me pareció la más prescindible de todas las rutas que hice. Vimos el humedal del río Quepiaco, donde hay flamencos, una zona de pilares rocosos solitarios que afloran sobre el terreno, el Salar de Quisquiro, a más de 4000 m de altitud, y el Salar de Aguas Calientes, uno de ellos, donde se apreciaban los diferentes colores que adquiere el terreno y el agua. Y bastantes vicuñas y llamas. Eso salvó un poco la salida.

PIEDRAS ROJAS Y LAGUNAS ALTIPLÁNICAS: aquí fuimos primero a la

Laguna Chaxa, una laguna donde había mogollón de flamencos.  De hecho, es parte del Parque Nacional de los Flamencos. Por algo se llama así. Fue todo un espectáculo. Después, nos dirigimos al Salar de Aguas Calientes 3, o laguna de las Piedras Rojas, llamada así por un motivo obvio. Y a otras 3 lagunas más,  todas por encima de los 4000 m. Al volver, paramos en un cartel que indica el punto exacto por donde pasa el Trópico de Capricornio. 

VALLE DEL ARCO IRIS: valle llamado así por los colores de sus rocas. En realidad, la roca es todo el rato la misma, lo que sucede es que superficialmente cada zona reaccionó de diferente forma al calor según fuera la composición de sus minerales. El calor provino del agua calentada por fenómeno volcánicos hace una cantidad de años de las que se cuentan por millones. Hay una zona que llaman la cascada seca, donde se "ve"el agua, es increíble. Pasamos por Yerba Buena, un lugar por el que en su día pasaban las caravanas de indígenas que iban desde el altiplano argentino o boliviano hasta el Pacífico. Posee uno de los grupos de petroglifos más importantes de la región. Fue una salida muy instructiva. 

GÉISERES DEL TATIO: llamados en realidad del Tatio Mallku, o anciano lloroso por la forma de una de las laderas que lo rodea, que tiene forma de una persona tumbada (se distingue bien la forma de lo que sería la cara) y por la que cae agua en el deshielo. A los géiseres te llevan supertemprano,

porque se supone que es al amanecer cuando mejor se ven las fumarolas y todo el vapor que se desprende de ellos. Están a más de 4200 m de altitud, por lo que os podéis imaginar el frío que hace. Menso 3 grados  cuando llegamos. Llevaba puesta casi toda la ropa que tenía: 4 nikis de manga larga, 2 pantalones, una chaqueta tecnica, 1 chubasquero con forro y 2 pares de calcetines y las botas de monte. Además, el buff puesto como pasamontañas, que mi sobri pequeño me enseñó cómo se hace, y las capuchas de la chaqueta y el chubasquero. El plumas fino y el gorro de monte no, porque los perdí. Entre lo que me olvido, y lo que pierdo, me está quedando una maleta bien ligera. La verdad es que no pasé frío, un poco en los pies porque no se camina mucho, y estar parada a esas temperaturas es lo que tiene. Pero el espectáculo es
El manojo era perejil,
no cilantro,menos mal

impresionante. Más tarde, ya cuando calentaba un poco el sol, nos dieron de desayunar y nos dirigimos a Machuca, pueblo que vivía del pastoreo de llamas pero que cada vez esta más dedicado al turismo. Cuenta con la iglesia más antigua de Chile y los tejados son de paja. El pueblo está muy arreglado, tenía unas buenas instalaciones deportivas, y la mayoría de las casas tenían un depósito de agua enel tejado. Probé carne de llama en una brocheta que estaba riquísima. 

No es nieve, es sal lo que se ve más cerca

LAGUNA BALTINACHE: en realidad es un conjunto de 7 lagunas, con unos colores turquesas flipante, una agua transparente donde las haya y una saturación de sal brutal. La gracia del tour está en que te dejan bañarte en

una de ellas, en la más grande. Nunca había experimentado esa sensación de flotar aunque te empeñes en que no. Es alucinante. He jugado como una niña pequeña. Menos mal que te advierten de que no metas la cabeza, no sé qué te pasaria si te entrara ese agua en los ojos. El baño ha estado prohibido el último año. La cantidad de crema solar, maquillajes y demás que desprenden las miles de personas que pasan por allí degradó el agua al punto de que se volvió turbia. El descanso, y las abundantes lluvias de este año, han recuperado las lagunas y eso ha llevado a las autoridades a permitir de nuevo el baño. Pero bajo un estricto control. Veinte minutos por grupo. Y hay un propio controlando, además de tu guía. 

Volcán Licancabur, montaña de aquí 

Estuve 9 días en San Pedro de Atacama.  El primero no hice nada más que descansar después del largo viaje (bus nocturno más vuelo) y hacer la colada. Durante los demás, una salida al día. Tranquilidad. Me ha resultado un pueblo muy agradable, y por fin un sitio donde hay bares. Quitando Santiago, no sé si he visto esto en ningún sitio más. Sitios donde dan de comer y puedes sólo beber, sí. Siempre como pidiendo permiso. Pero lo que se dice bares, no. Y sean bares o restaurantes, es costumbre que tengan música en vivo, sea un cantautor, música tradicional o grupito de rock. Y a mí con eso ya me ganan.

Se puede hacer lo mismo que he hecho yo en menos tiempo, ya que se pueden hacer dos salidas el mismo día, una por la mañana y otra por la tarde. Es cuestión de organizarse y de prioridades. La mía fue tomarme las cosas con calma, que en breve me juntaré con Eva, Concha y Rakel en Lima para empezar la vorágine del viaje por Perú. 

¿Veis a Trump en el "trono?"

Dato tonto del día, que la gente que ha caminado conmigo por Piris lo entenderá en lo que vale: el pantalón corto verde se queda en Chile. Ni me lo olvido, ni lo he perdido. El pobre ya ha dado su vida por mí y mis caminatas. Descanse en paz.


SAN PEDRO DE ATACAMA I


Lo que mi guía llama Norte Grande abarca 4 regiones, de las cuales yo sólo visité una pequeña parte de una de ellas: San Pedro de Atacama y sus alrededores, parte de la II región, la de Antofagasta.

El Norte Grande hace frontera con Perú,  Bolivia y Argentina. La zona donde yo anduve tiene frontera con los dos últimos. Chile, Bolivia y Argentina comparten el altiplano andino, una cuenca entre montañas delimitada por los Andes y que tiene una altitud promedio de 3700 m. Aquí lo llaman puna. No sé en los demás países, pero aquí es un desierto que pasa por ser uno de los más áridos del mundo. No, no es el más. Pero casi.

El Castillo de Acher Atacameño.

Esta zona no fue Chile hasta después de la Guerra del Pacífico (1879-1884) en la que se enfrentaron Chile contra Perú y Bolivia, que eran aliados. Ganó Chile, y Bolivia se quedó sin costa (tenía acceso por una franja en esta zona) y Perú sin una buena parte de su territorio en el sur. De hecho, Chile desde entonces es un tercio más grande, que se dice pronto.

San Pedro de Atacama es un oasis de adobe, pintado de blanco en su  centro histórico, y con puertas y ventanas azules. Antes, el azul significaba que allí vivía un jesuita. No los quieren mucho por aquí, parece ser que se dedicaron a evangelizar de una manera brutal. Ahora el azul es un distintivo decorativo. 

Bandera de los Lican Antai

Vive del turismo, y de las minas de cuarzo y cobre, aunque también también las hay de litio,  y tienen algún que otro problema ambiental con tanta mina. Cerca están las mayores salinas del país, que ya se explotaban desde tiempos inmemoriales los ancestrales habitantes atacameños, llamados lican antai en su lengua nativa, el kunza. Literalmente quiere decir gente de aquí

El Salar se Atacama es el 3° más grande del mundo,  detras del de Uyuni y otro de Argentina o Namibia, los ranking no se ponen de acuerdo. La sal de esta zona se explotó y se comercializó durante décadas. Pero no tiene yodo, y esto provocaba problemas renales y de cognición, estas últimas muy patentes en algunas zonas. Se prohibió su uso y eso causó una gran crisis económica. No me quedó claro pata qué se usa la sal que extraen todavía en algunos sitios. La yodarán artificialmente, se me ocurre.

Me establecí en San Pedro para una semana larga. Al salir de la zona de costa me quedaban 9 días antes de volar a Lima, y decidí pasarlos todos allí. Quería tener tiempo suficiente por si me animaba a hacer un tour de 4 días por el Salar de Uyuni, en Bolivia, pero a nada de San Pedro. El alojamiento no estaba mal, aunque la habitación que me tocó era un poco cutre. Pero no tener que hacer-deshacer la maleta en ese tiempo y la piscinita que tenía compensaba con creces la precariedad de la habitación. 

La llegada a San Pedro fue un poco shock. Todo el mundo te entra, ya sea para venderte excursiones,  bares o restaurantes. Casi todas las lonjas son agencias de turismo. En todos los sitios se ofrecen casi los mismos tours, entre ellos el del Salar de Uyuni. Tener que elegir, decidir con quién lo hacía, imaginarme a mí misma en un grupo yendo a esos lugares tan fantásticos pero donde la gente sólo va a querer hacerse LA foto... acompañado con que en Bolivia las cosas no estaban bien, había escasez de gasolina, por no decir que no la había en absoluto, en la frontera sólo dejaban pasar a los que tuvieran la excursión contratada con no sé qué antelación, un exceso de lluvia hacía que fuera necesarias botas de goma por encima de las rodillas para visitar el Salar... todo ello me llevó a desistir de la idea. No sé si habré hecho bien, no sé si tendré otra oportunidad de ver el famoso Salar. Un artículo que ha sacado El País está misma semana, qué cabrones, con unas fotos impresionantes, me dejó con la sensación de que a lo mejor me he equivocado. Qué le vamos a hacer. Apechugar.

Ese lago está en Bolivia 

Total, que tenía mucho tiempo y que me dediqué a explorar la zona con tranquilidad,  que hay mucho que ver y hacer. Eso sí, todo en tour organizado. Que no han estado mal, porque dependiendo del guía que te tocara te explican muchas cosas: biología, geología, historia... Y dependiendo del horario te dan de desayunar, te ponen el almuerzo, te dan un piscolabis... y con bastante nivel.

Uno de las salidas top de la zona es una salida astronómica, para ver los cielos, que aquí son una pasado. 300 días al año sin nubes, 2% de humedad en el aire, casi nada de contaminación lumínica, 20 mm de lluvia al año y una buena altitud. Es por eso que hay muchos observatorios internacionales en la zona.

Yo no lo hice. Justo tocaba luna llena, y eso no es bueno para ver estrellas. Coincidí con el eclipse, que aquí fue total, así que me levanté ente las 3:30-4:45 de la madrugada para verlo, y,  aprovechando que la luz de la luna estaba amortiguada, vi montón de estrellas entre las que sólo reconocí una muy pequeña parte. Me hubiera gustado aprender sobre las estrellas del hemisferio sur.

Una particularidad de esta zona es que esos 20 mm de lluvia que caen en el año lo hacen en una época que llaman "invierno boliviano". Y no sé por qué, porque no es invierno (suele ser en marzo, o sea, verano aquí) ni viene de Bolivia, sino del Amazonas brasileño. Pero le llaman así. Este año ha sido especial, ha llovido casi 50 mm en pocos días y es por eso que se ven las montañas nevadas. En principio no tenía que haber aguantado tanto la nieve, pero es que ha nevado mucho en las alturas. 

Y por fin he visto muchos animalitos. Por aquí campan a sus anchas guanacos y vicuñas (camélidos ambos), flamencos en las lagunas, y zorrillos y vizcachas (una especie de roedor parecido al conejo), además de aves, que es lo más que había visto hasta el momento. También hay burros salvajes. Los debían de utilizar en la minería pero cuando se descubrieron filones más cerca de Calama, ciudad mejor comunicada, y se trasladaron las explotaciones allí, los abandonaron. No sé, parece que en Chile hay tendencia a abandonar animales. Se adaptaron al medio y se hicieron salvajes. Suena fuerte, la palabra silvestre me parece que define mejor esto.  Llamas también hay, pero son domésticas. 

Una de las cosas que he aprendido es que decir imperio inca o los incas es una incorrección histórica. Inca era la palabra que usaban para denominar al rey. El imperio o la civilización debería llamarse Tahuantinsuyo. Aunque mucho más fácil inca, y ya nadie pretende cambiarlo. 

Me encantó la zorra preñada.

Muchos de los avances que se les atribuyen a los incas fueron en realidad tomados de los Tiwanaku, o tiguanacos que dicen aquí, una cultura preincaica de esta zona. Se supone que suyos son los sistemas de agricultura en terrazas, la cerámica avanzada y alguna cosa más que no recuerdo.  Hay en Bolivia una ciudad,  antiguo centro ceremonial de esta cultura (Tiahuanaco o Tiwanaku), una joya arquitectónica cuya visita la ponen a la par de Machu Pichu. 

Geiseres del Tatio

Cuando llegué, ya desde el avión, sólo se veía desierto y algún que otro pequeño oasis de verdor. Siempre me ha costado entrar en estos paisajes desolados, áridos, torridos, viniendo como venía de bosques frondosos, húmedos, cálidos. Pero he de reconocer que me ha atrapado. Los 9 días que pasé aquí, conociendo las diferentes facetas y peculiaridades de la zona han sido muy satisfactorios. 

Reflexión personal del dia: miró atras, y me doy cuenta de que aquella emoción que sentí en Rapa Nui, que me pareció que iba a ser lo más, ha quedado desdibujada por todo lo que he vivido después. No sé si elegí bien el orden del viaje. No sé si hay un buen orden para que los recuerdos se vayan fijando de menos a más. Supongo que es imposible. Lo que sí sé es que me iré de aquí con una buena cantidad de vivencias, experiencias y recuerdos memorables.