martes, 8 de marzo de 2016

MARTXOAK 8


Aprovechando la fecha, y al hilo de la última de entrada de Carolinas en Vinagre, he estado leyendo y reflexionando sobre el feminismo y la lucha de las mujeres por sus derechos. Entrada, por cierto, que os recomiendo encarecidamente.
Me han llamado la atención, por novedosas para mí, dos palabras que no conocía: mansplaining y micromachismo. Si bien no conocía las palabras, los conceptos se me han hecho bastante familiares
El primer término hace referencia a esa forma que algunos (¿muchos?) hombres utilizan para explicarnos cosas a las mujeres, con superioridad y prepotencia, o sea, como si no nos creyeran capaces de entender.
El segundo se refiere a esos comportamientos que por habituales o enraizados no nos llaman la atención pero que que son expresión de la educación machista de la que casi nadie podremos escapar si no hacemos un gran esfuerzo consciente.
No os voy a largar ninguna arenga ideológica. No os voy a hablar de cambios estructurales, de posiciones sociales, de necesidades formativas y educativas, ni de políticas igualitarias, Aunque lo intentara no se lo haría bien. Lo mío es hablar de lo cercano, de lo cotidiano, sin mucha profundidad. Puedo poner negro sobre blanco unas cuantas cuestiones que me dan qué pensar. Aquí van.


Me alucina que se pueda orquestar una campaña organizada de boicot al programa que Salvados dedicó a la violencia de género. Porque una cosa es que uno no sea consciente de esos comportamientos que socialmente no se tienen por machistas, pero que si rascas un poco no pasan la prueba del algodón, y otra cosa es hacer campaña consciente contra algo que no tiene ninguna justificación.
Me indigna que los medios de comunicación den cobertura a casos como el del campo de fútbol del Betis, donde se pudo escuchar "Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien" en apoyo a un jugador acusado de malos tratos a su pareja, En algún caso se permitieron hasta bromear.Me asusta leer los comentarios ofensivos, insultantes y amenazadores que muchos cavernícolas escriben en las redes sociales como respuesta a las vivencias y verdades de muchas mujeres.
Me asombra saber que todavía hay quien idea y quien aprueba y da por buena una promoción de camisetas para bebés, azules para ellos y con el logo "Inteligente como papá" y rosas para ellas y con el logo "Bonita como mamá".
Me preocupa la apariencia de falsa igualdad que nos están vendiendo. Mis alumnas creen que viven en una sociedad igualitaria, y piensan que algunas exageramos cunado les queremos hacer ver lo contrario. Les cuesta admitir, les cuesta hasta percibir, que esa aparente igualdad no es real, les cuesta distinguir aquellos comportamientos que son claramente expresión de control, de vejación, de superioridad por parte de sus iguales masculinos. Todavía sigue vigente ese pensamiento de que si ellos salen (o lo intentan) con muchas parejas son unos ligones. Si la protagonista fuera una chica, lo habitual es que la tilden de puta. Y a esa edad el concepto de que "no es que no" es ciencia ficción, a ellos no hay manera de hacérselo entender: "si era un juego", "si se estaba riendo...", "si el otro día no le importó"...
Y luego están esos pequeños detalles que vivimos día a día: si pides dos zuritos, uno de ellos sin alcohol, o un zurito y un vino, si vas con un tío casi invariablemente te colocan a ti el sin alcohol o el zurito; si ayudas en un traslado siempre hay un  tío (o más) que te coloca a ti, pobre débil mujer, las cosas pequeñas o te asigna la tarea de ordenar las cosas que ellos, brutotes y forzudos de nacimiento, acarrean con gran esfuerzo; esos que creen que por ser tía no puedes conducir bien; los que se ponen a mirar cómo aparcas o se permiten el lujo de darte instrucciones para ayudarte a hacerlo bien...
Y los no tan pequeños detalles, como esos tíos que se curzan contigo por la calle y según cómo vas vestida te "desnudan" con la mirada, o aquel compañero de trabajo (sí, trabaja en educación, no nos libramos) al que le tuve que decir que me hablara mirándome a la cara un día que llevaba un bonito escote...
Así como sabéis que tengo esperanza en mis adolescentoides, que casi toda la tontería que tienen se les pasará con la edad, y que en muchos aspectos madurarán favorablemente, voy a confesaros que en este tema albergo bien poca fe, en este tema estoy bastante desesperanzada. Pero no por ello dejaré de insistir. Con los adolescentoides y con los adultos. ¡Allá voy!


No hay comentarios:

Publicar un comentario