lunes, 4 de mayo de 2020

REFLEXIONES DESDE MI SOFÁ

Pasé las vacaciones de Semana Santa encerrada en casa. Y algún día más, porque cuando decretaron el cierre de todos los centros de trabajo no esenciales no tuve manera de convencer a mi director  de que nosotros no entrábamos en esa categoría y que podíamos seguir acudiendo al centro. Tampoco insistí mucho, probablemente a los agentes de la autoridad que nos hubieran parado por el camino tampoco les hubiera convencido. Y además nos podríamos haber ganado una multa por insolentes. ¡Cuándo y dónde se ha visto que la educación sea un servicio esencial!

He intentado ser formal y seguir las recomendaciones. Nada de salir todos los días con la excusa de cualquier recado. Así, el planazo ha sido quedar con Espe los sábados para encontrarnos en el mercado y hacer las compras juntas, siempre con la incertidumbre de que a ella alguna autoridad competente le interceptara y no le dejara llegar al mercado. Porque esa es otra de las nuevas variables. La inseguridad que han creado y lo fácilmente que hemos interiorizado que nos puedan impedir hacer hasta las cosas más simples, como es elegir dónde compra una en un radio razonable de acción. Se empieza a acuñar el término nueva normalidad. Suena fatal y da miedo, porque se está cociendo el caldo de cultivo para futuras limitaciones y restricciones, en nombre de la seguridad, y las aceptaremos convencidos de que es por un bien común. No sé, no lo veo claro.

La redes sociales han seguido en su línea. He aprendido que hay unas cosas (¿personas?) que se llaman bots y trols, que por lo visto son los responsables de la mayoría de los tuits que esparcen ignorancia y odio casi a partes iguales. Pero algo bueno he sacado de ellas. No veo la TVE (a excepción de Cachitos de...), pero gracias a los hermanos Errazkin he conocido al periodista Carlos del Amor y los dos minutos con los que cierra el telediario (no se cuál de las ediciones ni si es de la 1 o de la 2) y que yo veo en Twitter cuando ellos le dan Me gusta. Pura poesía del confinamiento pertinentemente acompañada de la mejor música.

Hablando de televisión. Lo de la tele también ha sido terrible. Me imagino ser una viejita, que sólo tiene la tele convencional y que no tiene muchas más cosas que hacer que estar sentada frente a ella, escuchando todo el rato hablando sobre el monotema, y de que no nos preocupemos, que mayormente se mueren las personas de avanzada edad. Y eso contando con que la cadena que vean les de una información entendible y veraz. Porque la mayoría, a fuerza de llenar horas y horas hablando de ello, llegan a extremos insospechados de desinformación. Y mejor no analizar el nivel de las personas que ejercen de tertulianas. Vamos, la casa de la guasa.

Luego estaban (siguen estando, pero han cambiado el formato) las ruedas de prensa. Y el lenguaje que han empezando a usar. Hubiera o no hubiera señoros con mogollón de medallas, que a ellos se les presupone ese lenguaje, poco a poco ha calado el uso de un lenguaje bélico en todos los sectores: desde el heroicismo de los sanitarios, los símiles que usan, la apelación a la lucha, los diferentes eslóganes que se han dio lanzando (juntos venceremos, ganaremos esta batalla, hay que luchar fuerte..). Si te enfermas es que no has cumplido bien la misión, y los pobres que se mueren que se jodan por no haber luchado lo suficiente.

He intentado tener una rutina: higiene personal y doméstica, ejercicio, no estar todo el día en pijama. A ratos me ha parecido que iba por el buen camino, pero siendo sincera creo que no lo he conseguido. Sigo intentando no pasar el día en pijama los días que no voy al trabajo, no he conseguido hacer ejercicio regularmente, y ya he desistido de eso que llaman ser una buena ama de casa.

Y como esto parece que va para largo, y no tenemos ni idea de cómo será esa nueva normalidad, lo tendré que seguir intentando, sobre todo el tema doméstico. Tendré que esperar a Natalia y parece que va para largo. Ha pasado casi un mes desde la última entrada. Comentaba entonces que parecía que iba bien. Sigue en la UCI. Ha tenido graves retrocesos en su evolución, casi no la ha contado y todavía no queremos echar las campanas al vuelo porque no ha salido de peligro. Pero seguimos teniendo motivos para la esperanza.

Ya estamos en fase 0. Aunque con restricciones, se puede salir. La próxima reflexión será desde las calles. Espero veros ahí.


lunes, 6 de abril de 2020

REFLEXIONES DESDE MI BALCÓN


Ya os dije que pasé un fin de semana con varias médicas. Todavía no había pandemia, todavía no se había decretado ningún confinamiento, todavía no había llegado el apocalipsis. Estábamos, por lo menos yo lo estaba, en fase con la gripe A os pusisteis igual y no pasó nada, a mí que me expliquen por qué estáis tan nerviosas si esto es como una puta gripe...

Poco a poco he (hemos) ido evolucionando. He (hemos) ido pasando del esto es como una puta gripe a ser conscientes de lo que está suponiendo para los servicios sanitarios; del me parece una pasada que no nos dejen salir a cruzar extrañas miradas con las personas que te cruzas por la calle, porque tú tienes claro tus motivos, pero parece que quisiéramos leer en los rostros de los demás sus razones, por qué están en la calle; del no será para tanto, a vaciar los supermercados como si tuviéramos que sobrevivir un mes atrincherados en nuestras casas. Hay personas que han pasado de no entender por qué hay que quedarse casa a vigilar, increpar y denunciar a las personas que ven en la calle sin importarles las posibles motivaciones de cada una.

He descubierto las miserias de las redes sociales: las mentiras (me niego a llamarlos bulos o fake news), las exageraciones, los anda que tú e  y tú más, la incomprensible necesidad de cierta gente de responder con insultos y descalificaciones a personas que no conocen, la pulsión por responder con inquina al anuncio de una muerte de un ser querido (da igual la facción política: no haber votado a los que recortaron en sanidad, eso te pasa por haber aupado a un gobierno inepto...) En fin, no sé cómo algunas personas soportan esa (sobre)dosis de odio a diario. Me cuesta entender esa manera de funcionar, casi tanto como entender el por qué de acaparar papel higiénico.


Estoy conociendo a mi vecindario. Estoy (estaba) poco en casa, casi nunca ando por el barrio. Sólo conozco a los de mi portal, y a algunos más que tenían perro cuando yo paseaba a Oma. Ahora descubro que  hay familias con prole, muchos euskaldunes (hasta ahora no había oído nada de euskara por mi barrio), parejas jóvenes, gente de todo tipo. Personas que salen a balcones y terracitas que me habían pasado desapercibidas, que se asoman a veluxes invisibles hasta ahora.

He aprendido que tener un simple balcón te hace ser privilegiada. Nunca se me había ocurrido usarlo para nada, pero ahora saco la mecedora, cabe justo justo, y puedo leer al sol. Hay muchísimas personas que están pasando este confinamiento en casas interiores, en habitaciones compartidas, en sitios en los que nosotros no aguantaríamos ni una hora. Y ese rato al sol, tomar un poco el aire, me parece la gloria.


Y me he dado cuenta de lo poco valorada que está mi profesión. En prácticamente tres días la inmensa mayoría de los centros escolares han conseguido tejer una red escolar de primer orden, atender al alumnado, al que tiene internet y al que no, de una manera más que digna. Hemos dado un
salto a las herramientas tecnológicas sin nadie que nos guíe, hemos creado blogs, sites,,, inventado sistemas de seguimiento y de evaluación, hecho telereuniones y hasta teletutorías. Nos hemos puesto en contacto con todas las familias. Con nuestros medios, nuestros ordenadores, nuestras líneas y nuestro teléfono. En un anuncio de la tele, una conocida firma de seguros da las gracias a los sanitarios (por supuesto) a los repartidores y trabajadores del sector agroalimentario (cómo no), a los niños y a a las niñas por hacer los deberes (pobres, lo que tendrán que sufrir sin salir) y a algún sector más que no recuerdo. Ni rastro del sector docente. Para empezar, me chirría el concepto de deberes. No hacen deberes, hacen las tareas que les corresponderían hacer en su horario lectivo, adaptadas a las nuevas circunstancias. ¿Y quién se las manda? Caen del cielo, parece que nadie se ha parado a pensar en la cantidad de trabajo, horas y esfuerzo que nos ha supuesto esto al profesorado. En fin...

Lo que peor llevo es la sensación de alivio que tengo cada vez que pienso en ama, en cómo hubiera vivido esto, en cómo hubiera llevado que Natascha (la mujer que le limpiaba la casa) estuviera ingresada, grave, en cómo se hubiera agobiado con el bombardeo televisivo...  Hubiera sido una locura. Y hubiera sufrido. Objetivamente es mejor así. Pero no me gusta la sensación.



Para cuando termino de escribir esto parece que Natascha saldrá de esta, tenemos motivos para la esperanza. Hoy aplaudiré por ella.


martes, 10 de marzo de 2020

UN FINDE EN ASTURIAS



Otra vez una de chicas. Otra vez Asturias. Eso nunca cansa. Ninguna de las dos cosas. El plan era de fin de semana, pero como yo tenía la semana libre (¡viva la semana blanca!) me adelanté y me fui desde el miércoles.

Salí de Bilbao tarde, y llegué a Teverga a eso de las 10:30 de la noche. Teverga es una zona a una media hora de Oviedo, antes minero y ahora más agrícola, con más de 15 rutas señalizadas. Cuando una va sola al monte es importante no innovar demasiado. La idea era aprovechar jueves y viernes para hacer dos rutas de monte y luego juntarme con estas.


RUTA DE LAS BRAÑAS TEVERGANAS: ruta circular que va pasando por diferentes brañas (pasatizales de altura), en las que se pueden ver, además de txabolas al uso, corros y teitos. La ruta tiene algo mas de 17 km, que en mi caso se convirtieron en 20 porque a ratos perdía las marcas y anduve y desanduve algunos tramos. Recomiendo encarecidamente llevar un buen track de GPS para poder enlazar bien la Braña de La Mesa con la de Torce. Por lo menos a mí me vino bien, igual es que soy torpe siguiendo marcas, porque me costó un rato dar con el buen camino. Pero la ruta es altamente recomendable, a pesar de sus 900 m de desnivel que subiendo se van haciendo en fuertes y consecutivos repechos pero que bajando están casi todos seguidos en una vertiginosa y empedrada bajada.

Ese día fui a dormir a Oviedo, a casa de M José. Mi idea era haber vuelto a Teverga al día siguiente a subir a Peña Sobia, otra ruta con muy buena pinta, pero las patatas con costilla que había preparadas para comer me hicieron desistir de ello y elegir una mañanera más cerca aún de Oviedo.


CIRCULAR POR LAS ERMITAS DEL MONSACRO: sin subir al Monsacro hay una ruta circular que pasa por dos ermitas románicas, Santiago y La Magdalena, demasiado restauradas a mi gusto, pero en un enclave espectacular. La ruta empieza La Collada. Aparqué al lado de un cartel que indicaba la ruta. Yo os recomendaría hacerla en sentido contrario porque es mucho más tendido, aunque para empezarla del otro lado también es conveniente tener un buen track, hay que atravesar la aldea un buen rato y no hay ninguna indicación. Como la hice yo, en la primera hora hay supera un desnivel de más de 400 m. Creí que me daba algo.


Por lo demás, tranquilidad, buenos alimentos y mejor compañía. Y risas. Hacía mucho que las chicas no nos juntábamos: el viernes cena en el pueblo donde habíamos reservado el alojamiento, casualidad, al pie del Monsacro; sábado relajado paseo por la zona; y después, cena en Oviedo, y domingo turismo por el románico de Oviedo, que todas conocemos pero que no cansa. Santa maría del Naranco y San Miguel de Lillo son unas auténticas joyas románicas que una no se cansa de ver.


Esto fue hace dos fines de semana. Entre mis amigas, dos epidemiólogas y una médico de salud laboral de un hospital. No hubo desconexión posible. Entre risa y risa, monotema. Y eso que fue al principio de la crisis del coronavirus, cuando todavía no había tantos afectados ni habían cerrado centros escolares. Podéis preguntarme lo que queráis. He aprendido mogollón.

domingo, 3 de noviembre de 2019

AGUR, AMA

Escribo esto mientras escucho el Agur Maria de Estitxu. No podía ser de otra manera. Si queréis leerlo mientras lo escucháis, pinchad aquí.


Nuestra madre fue una mujer excepcional. Con sus luces y sombras, cómo no. Con un carácter fuerte y unas firmes convicciones que hizo que nuestra relación durante la adolescencia fuera un tanto problemática. Pero esta entrada no va de eso.

Va de la mujer excepcional que era. De lo adelantada a su tiempo. Empezó a trabajar a los 14, cuando se casó continuó trabajando, era de las pocas madres de entre nuestros amigos que trabajaba. Montó una tienda con otras dos amigas. Supongo que eso le daba otra visión de la vida, de la sociedad, del reparto de tareas, de la asunción de responsabilidades, visión crítica que nos transmitió a nosotros. Creo que salimos un poco más rojeras y agnósticos de lo que le hubiera gustado, pero sabía que en lo básico había conseguido transmitirnos lo que de bueno tenían sus creencias.

El agradecimiento de los que viajaron con ella
Va de cultura. Adoraba la música, tocaba el piano, leía mucho y cuando pudo se puso a viajar. Viajes Mertxe. Sí, porque ella  los preparaba. Creo que podríamos hacer un rastrillo con todos los mapas y folletos que hay en casa. Preparaba minuciosamente las rutas, las visitas, y eso tiene mucho mérito en una época sin Internet. Pasaba meses preparándolos, y otros a la vuelta eligiendo fotos y haciendo copias para los demás. Estaba abonada a la BOS, y a la OSE. Apoyaba toda iniciativa para impulsar el euskara, y dejó más que granito de arena, codo con codo con aita, en la creación y mantenimiento de la Ikastola de Deusto.

Va de generosidad. De apoyo a los demás, de entrega, de la disposición a ayudar a cualquiera que estuviera en una mala situación, daba igual que fueran visitas a una residencia, acompañamiento durante una enfermedad o un ingreso, colaborar en la recogida de alimentos o trabajar en un comedor social. Va de respeto a las diferencias y de acoger sin prejuicios a la persona que lo necesitara. De donar el cuerpo a la universidad, allá por el 2003,  cuando nadie hablaba de ello. Después del funeral, poniendo orden entre los papeles, hemos encontrado uno donde tenía elegido el versículo que quería que leyeran, el tema del sermón, y especifica y escribo literal "empezando por pedir perdón a cuantos hayan podido sentirse heridos por mi trato y dando las gracias a cuantos me han querido y me han dejado ayudarles cuando lo han necesitado, pues he sido yo la más beneficiada con ello" Así era ella. Y sin pedir nada a cambio.

Va de familia. Le gustaba rodearse de los suyos, cualquier excusa era buena para juntarnos. Cuando económicamente se lo pudo permitir, allá por el 98, alquilaba un autobusito para pasar juntos el fin de semana o puente por el Pilar en diferentes puntos de la geografía cercana. Creo que le parecía que los hermanos no nos veíamos mucho. Ella impulsaba las reuniones familiares de uno y otro lado: las quedadas de los Iriondo una vez que dejamos de celebrar las Navidades en Getxo, las quedadas de los Etxenagusias porque veía que si no con esos no nos relacionábamos apenas.



Va de sacarle chispas a la vida. De estar siempre dispuesta a pasarlo bien,de tener buen humor, de alegrar las reuniones familiares, a pesar de los palos que la vida le ha ido dando por el camino la muerte de sus dos hermanos, la enfermedad y muerte de aita, perdió amigas,,,



Va de fortaleza y también de fragilidad. De la fortaleza con la que afrontaba los momentos difíciles. De esa fragilidad que hemos descubierto a medida que ha ido envejeciendo, de cómo ha ido demandando apoyo a medida que perdía facultades. Cosa que nos ha permitido devolverle en parte, en una pequeña parte, todo lo que nos ha dado.

"Ay, hijatxus, estoy más preparada para morir que para estar enferma" Una verdad: no era muy buena enferma, no le gustaban los médicos y sufría de pensar que por alguna causa tuviera que ingresar. Pero no ha tenido que pasar por eso. Se ha ido como ella quería, discretamente, mientras dormía, sin sufrir, y de lo que era aun más importante para ella, sin hacer sufrir al resto.
Va de naturalidad. De la naturalidad con la que en casa se hablaba de la muerte, de la naturalidad con la que hablábamos de su funeral, mientras ella elegía las canciones, quién las tenía que cantar, y la ropa de Pascal para el evento. Y hasta el sermón, como hemos comprobado tarde; no llegamos a tiempo de hacerlo exactamente como quería.




En definitiva, esto va sobre ti, ama.

Orgullosa de pertenecer a tu estirpe. Agur.

martes, 1 de octubre de 2019

ESLOVENIA


Me ha encantado Eslovenia. Es un país fácil, sus gentes son agradables y hospitalarias, no sé lo que el turismo masivo tardará en cambiar esto. La sensación de seguridad es absoluta. De hecho, ellos mismos son bastante confiados. Hemos visto cómo un camarero dejaba él tabaco y su móvil encima de una de las mesas de la terraza mientras atendía al público y entraba y salía con las consumiciones. Y en la visita a la iglesia de Hrastovije el guía tres cuartos de lo mismo. el móvil en una de las sillas mientras deambulaba por al iglesia dando profusas explicaciones. Llama la atención. Aquí no haríamos eso ni locos. Es más, ves eso y te pones a vigilar por si acaso.

Balanza para controlar que no te timen
en el mercado de Ljubljana
Si atendemos a indicadores como el PIB o a algo que he descubierto investigando sobre Eslovenia y que se llama Índice de Desarrollo Humano (elaborado por la ONU), los eslovenos gozan de un buen nivel de vida.
Leyendo he encontrado datos que me han resultado llamativos:
- tiene poco más de dos millones de habitantes y una superficie algo menor que Galicia.
- es líder mundial en fabricación de elementos para deportes de invierno
- el 20% de los medicamentos genéricos que se producen lo hacen farmacéuticas eslovenas
- se autoabastece de cereales, e incluso exporta, a pesar de que sólo el 2% trabaja en el campo.
- es el tercer pais con mas masa forestal de Europa.

Y la verdad es que se ve el bienestar. Nos ha parecido un país muy limpio, muy ordenado, tanto las ciudades como el campo. Todo bien cuidado, pintadito, florido, supertxukun. Y lo de los bosques también se nota. Vayas por donde vayas se ven extensas manchas de arbolado.  Y en algunos sitios estaban empezando a cambiar de color. Super guapo.

Colmenas, nada de cajas viejas tiradas por ahí.
Y muchas muy cerca de las casas, las abejas también deben de ser muy educadas.

Tiene casi un 12% de inmigrantes, sólo un punto por debajo de España. Pero eso no se aprecia porque más de la mitad de ellos son bosnios o croatas, o sea, balcánicos como los propios eslovenos. Me ha llamado la atención que el siguiente grupo, en número, de inmigrantes, sean procedentes de las Seychelles. A lo mejor es esa proporción la que explica la postura antimigrantes del gobierno esloveno. Porque es lo único que chirría en ese país: u gobierno tirando a facha.


Una curiosidad: con el café siempre te dan un vaso de agua (eso lo hacen en más sitios, lo sé), pero la cuestión es que si pides un vino también te lo sacan. Será una medida de salud pública, digo yo.
Y otra: casi nadie conoce Bilbao, ni por el fútbol ni por nada. La única eslovena que conocía Bilbao era por que había visto la película de James Bond que se rodó aquí. Un auténtica lección de humildad. 

Lo dicho. Volveré. A los montes.