jueves, 5 de septiembre de 2019

PIRAN


Me ha encantado Piran. Iba con recelo. Si lees las guías la describen como uno de los lugares más recomendables del Adriático, con un pequeño casco histórico de clara influencia veneciana, la tildan de localidad romántica y glamurosa. Empecé a pensar que igual me había equivocado, que nos teníamos que haber alojado en otra localidad menos turística, que iba a ser insoportable y que nos íbamos a encontrar fuera de lugar.


Y nada más lejos de la realidad. En efecto, tiene un aire veneciano, el gótico veneciano está presente por doquier, Había mucha gente, claro, hemos ido en agosto, pero nada de aglomeraciones, casi nada de pijerío y mucho de encanto en sus callejuelas y plazas. Del romanticismo no os puedo hablar. Está rodeada de mar, tiene forma de cuerno, y en la punta está el faro. En lugar de playa tiene plataformas de cemento con escaleritas para facilitar el baño. En algunas zonas más alejadas del cogollo hay playas de piedras, nada de arena. A escaso kilómetro está Fiesa, que tiene una playa más convencional, también con plataforma de cemento, pero con zona de esparcimiento, chiringuitos y demás. Se puede acceder por un agradable paseo costero.


Lo que más que llamó la atención, me fascinó de hecho, es que al lado de las terrazas, algunas de las cuales eran muy plin y a cuyos camareros sólo les faltaba la pajarita, las familias se aposentaban con sus sillas de playa, sus tumbonas y sus neveritas, dispuestas a pasar el día como si de una verdadera playa se tratara. Y cuando digo al lado, quiere decir a continuación. Todo hueco del paseo que no estaba ocupado por terrazas estaba tomado por la gente. Sin complejos.


Mención especial merecen la plaza principal, dedicada a Tartini (Tartinijev Trg) y la Trg 1. Maj, abrevistura de Prvomajski trg, o sea, plaza del 1 de mayo. Lo sé porque en Piran todos los letreros están también en italiano, no porque mi esloveno dé para tanto. La primera es una plaza cuadrada, muy grande, con suelo de mármol o algo parecido, rodeada de emblemáticos edificios. La segunda es una placita que más recuerda a Nápoles que a Venecia por lo destartalado de algunos de sus edificios, pero con mucho encanto. Allí hay un establecimiento que da de comer por una ventana (allí pides y allí lo recoges) y de beber por otro lado. Si pillas mesa te atienden los camareros en el asunto del berbercio. Y si no pillas mesa, como fue nuestro cado, pides, te sientas en el pretil o en las escaleras y a degustar lo que sea, nos pareció que todo tenia una pinta estupenda.


Desde Piran visitamos las salinas de Secovije. A pesar de que todavía se explotan (había gente currando) fue una visitaun tanto decepcionante. La proyección del Centro de Interpretación hace más hincapie en la historia que en el proceso de obtención de la sal, y a mí siempre me gusta más la parte técnica, lo otro se me olvida volando. Y hacía un calor de muerte paranadar padeando entre las parcelas.


También fuimos Trieste, está a 40 km. Es una ciudad grande, pero lo que es el centro se abarca bien andando. Estuvimos 4 horas largas y nos cundió un montón. El zona del Canal Grande y la catedral de San Giusto nos gustaron mucho. Y la Plaza de la Unidad, que es enooorme y está rodeada de innumerables edificios monumentales, un tipo a la Praça do Comercio de Lisboa, también abierta al mar.


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