jueves, 20 de febrero de 2025

PUERTO NATALES Y PARQUE NACIONAL DE LAS TORRES DEL PAINE

¡¡Y por fin desembarcamos!!  

Yo diría que Puerto Natales encanto tiene poco, y la costanera tampoco vale mucho si quitas las vistas. Es una sucesión continua de alojamientos de toda índole o de agencias para hacer tours. La gente para aquí camino del Sur (Punta Arenas, las Islas Magallánicas o la Antártica) o de sus excursiones al Paine. Tiene más de 20.000 habitantes y es bastante extensa porque todas las casas son bajas. Alguna de ellas, especiales; las más, parecen mobilhomes de camping. Todas con los tejados metálicos. 

También tiene origen alemán, de cuando se establecieron por aquí ganaderos que hicieron grandes fortunas con la lana a la par que deforestaron la región para tener pastos para el ganado y casi exterminaron a los nativos de la zona porque les incomodaban en su expansión. A los que no mataron planificadamente,  los esclavizaron o los llevaron a Europa para exhibirlos en circos. Otros muchos murieron de las epidemias de enfermedades que trajeron los colonos. Ahora vive sobre todo del turismo. Se supone que comparan esto con Yosemite, y ha comenzado a venir mucha más gente a cuenta de eso.
Aquí he visto más gente tirada en proporción que en Santiago. No sé si será porque atrae mucha diversidad de gente, o porque es más difícil buscarse la vida en un entorno tan reducido. 


Lo pasé mal. Muy mal. Empecé a mirar qué treking o qué caminatas podía hacer por el Parque Nacional de las Torres del Paine. De nuevo, todo difícil. Con el agravante de que aquí todo es desorbitado. No había manera de encontrar alojamientos por tus medios, coordinar tiempos y lugares... 
Hay dos empresas que tienen la exclusiva de los alojamientos dentro del parque, repartidos más o menos a medias. Y tienen copadas muchas de las plazas para sus circuitos, en temporada alta es muy difícil que den plazas a particulares. Me encontré en el ferry con unos yanquis que habían intentado coger plaza en uno de los sitios donde voy a ir yo, y ya en diciembre no había plazas. Y a mí me la consiguieron de un día para otro. Si vas de camping por tus medios debe ser más fácil, será por eso que me encontré con mogollón de gente con unos mochilones de miedo.


Una vez que decidí que una vez de llegar hasta aquí no me iba a ir sin conocer y caminar el Parque, que no había llegado hasta aquí para no poder hacer nada de fundamento, que de perdida al río y que me iba a gastar la pasta, una pasta loca, MUY loca, haciendo un treking bien, ya relajé. Aunque como bien sabéis, el haber decidido hacer el viaje en ferry no ayudó al relajo precisamente. Estar desconectada para seguir buscando o llegar el mismo día en que tenía que haber empezado a caminar no ayudó, no. 
Por cierto, los que embarcaron según yo desembarcaba, para zarpar ese mismo día a las 9, con tres días ya de retraso, todavía estaban en el puerto al día siguiente, que vi el barco desde el bus. ¡Pobres!
Me decidí por la famosa W. Aquí los circuitos top son la O, que da la vuelta entera a las Torres y a su macizo en 8 días, o la W, que te da una aproximación a lo que es el parque en 5. 


Esta vez hubo suerte. Según desembarqué fui a la agencia que había elegido y con la que ya había mantenido contactos. Había una plaza para mí para hacer el circuito... ¡al día siguiente! Dos días en camping y dos en refugio. Autoguiado. Que le ponen nombre a todo. Eso significa que ellos te buscan los buses, los tranfers, los alojamientos y el catamarán que te tiene que sacar del parque el último día, y tú caminas a tu bola, siguiendo las marcas. Vamos, lo que solemos hacer siempre. Pues fenomenal, qué más quería yo. 
En realidad no hace falta guía para nada. Sí que debe haber algunos sectores en el parque al que hay que ir con guía, y otros a los que sólo pueden acceder escaladores, pero no es el caso de estos dos circuitos. 


Fue declarado Parque Nacional allá por 1959 y también Reserva desde la Biosfera de la Unesco en 1978. Todo muy hien, excepto que expulsaron a las pocas gentes que vivían en el área y por lo que me han comentado algunos de malas maneras, sin poder llevarse su ganado y sus caballos en alguno de los casos.

Dicen las guías que lo especial de este parque son sus picos de granito, montañas nevadas, lagos de diferentes colores, glaciares, bosques, ríos y cascadas. Y todo con el aliciente de verlos en diferentes tonos por eso del cambio del tiempo en un mismo día. Y la abundancia de fauna silvestre (que yo no he visto,sólo pajarillos y alguna ave rapaz). Lo que sí he visto son rocas y farallones de diferentes colores (el más clarito debe ser el famoso granito) y pedazos de paredes donde los escaladores la gozarán; enormes bosques de lengas (nothofagus pumilio, el tipo de haya de aquí), algunas de mucha envergadura, otras más tipo arbustivas, dependiendode lo expuesto al viento de la zona; arbustos de todo tipo, la mayoría pinchosos, otros floridos como el notros o con bayas rojas de apariencia comestible (seguro que eran algo-berry);  lagos varios, cascadas, torrenteras; he caminado por arena, tierra, piedrilla, piedras grandes, derrubios y morrenas; y me he enfrentado a vientos huracanados, sin concluir si es peor que vengan a favor, en contra o de costado. 


También dicen que te puede hacer las 4 estaciones en un día. No entiendo muy bien qué significa eso. Lo que sé es que yo he tenido suerte. No he pasado frío, es más, a ratos hasta calor, ni me he mojado. He podido ver las vistas que se suponían, y he conseguido que el viento no me tire. Para haberlo planificado sin mirar el pronóstico lo doy por más que bueno. 


Todos los camping, refugios o miradores del parque tienen nombre de diversas nacionalidades, que fueron los que llegaron en su día a "descubrir" estos lares y pusieron nombre a los sitios. Diversas nacionalidades excepto alemanes, que llegaron más tarde a lo que se ve, y ya estaba todo cogido.


En 2012 sufrió un pavoroso incendio. En realidad empezó en diciembre de 2011, y tardaron casi 60 días en poder extinguirlo. Se quemó algún refugio (el de Paine Grande por lo menos) y algunas de las guarderías de los forestales. Daños irreparables en los bosques e innumerables animales muertos. Se sabe que empezó cuando el viento volcó un infiernillo de un campista. Y ya no hubo parada. Hay numerosos carteles que lo recuerdan, y fuertes restricciones para hacer fuego e incluso fumar.


Dato para mí no anecdótico del día: la batería de mi cámara nueva,  digital y moderna, no dura 5 días si la usas mogollón, que ha sido el caso. Los últimos dos días me he tenido que cortar de hacer todas las fotos que hubiera querido. Y el último ni una, se apagó.¡¡Una mierda!!





viernes, 14 de febrero de 2025

VIAJE EN FERRY


Y por fin llegó el día de coger el ferry que me llevaría a lo más al Sur que voy a estar. 

Debido a inclemencias meteorológicas no sé muy bien dónde, retrasaron la salida un día. Te avisan con bastante tiempo y, afortunadamente, en el hostel tenían sitio para mí un día más. 

Tenía que hacer el check-in a las 14:00. Dejé la maleta, que luego aparece en tu cabina. Menos mal, no quiero pensar qué hubiera sido de mí de tener que subir por las angostas y empinadas escaleras de un barco con la pedazo de maleta que traigo. Si es que te pones a meter para el monte, para la playa, para la ciudad, para el calor, para el frío... y te salen 19 kg de maleta, que lo vi en el aeropuerto.

Un barco abandonado

Al grano, que me pierdo. Nos llevaron al barco a eso de las 15:30. Supuestamente era de zarpar a las 16:00, pero... a las 21:00 todavia no se había movido el barco. Por fin, después de unas interminables maniobras, a las 22:00 el barco navegaba plácidamente. 

Horario espartano: desayuno a las ocho, almuerzo a las 12, cena a las 19. Nada de alcohol. Según el capitán, una vez se cayó del barco uno que estaba borracho, y lo prohibieron para siempre. Quién sabe si es la verdadera razón.

En el hipotético caso de que hubiera perdido algún kilo desde que llegué a Chile, aquí lo recuperé fijo. No estoy acostumbrada a hacer 3 comidas de fundamento, y no me dio por ponerme a dar vueltas al barco como una posesa para hacer ejercicio. 

Hay otras 6 personas conmigo en la cabina, ninguna habla castellano. ¡Bingo!

Me desperté a las 7 de la mañana. El barco ya no navega plácidamente. Cabeceaba que daba gusto, y a las 7:30 avisaron por megafonía que estaba prohibido salir a la cubierta de proa. 

El capitán explicó que cuando pasáramos por el área oceánica, la única parte del trayecto que se hace en mar abierto, el movimiento iba a ser diez veces más que el de la primera mañana. Al expresar mi asombro por el tema explicó que no se iba a mover multiplicado por 10, sino que se tarda 10 horas en volver a los estrechos, y, por lo tanto, el movimiento duraría 10 veces más. ¡Vaya susto!

Fuera de puerto en una parada

Y, en efecto, así fue. Ya no es que cabeceara, es que se balanceada bastante. Nunca me había duchado agarrada a un asa como si me fuera la vida en ello. La vida no, ya sé que exagero, pero para librarme de un ostión...

Para colmo, el estado de la mar (que a mí no me pareció para tanto, ni levantaba olas grandes ni me mareé) nos retrasó porque no se puede pasar por una de las zonas (la Angostura Inglesa) de noche, y no hemos llegado a tiempo de pasarla de día. Su propio nombre explica la razón. Nos explicó el capitán que en esas zonas se navega manualmente, por lo que la visibilidad parece importante. Al barco le quedan escasos 20 m. por cada lado cuando atraviesa esa Angostura. Resultado: un día más de barco. Locura general, aquí no hay cobertura ni WiFi, así que a hacer cola para usar el ordenador de a bordo para cambiar reservas o lo que sea menester. En mi caso, perdí 15€ a cambio de una día más de pensión completa. Ni tan mal. 

Había actividades para mantenerte entretenido: visita al puesto de mando, yoga, algo de arte a lo que como no fui no os puedo explicar lo que era, proyectan unas diapositivas para ir explicando por dónde vamos pasando, y también pasé un buen rato contribuyendo a hacer un puzzle... La primera noche Karaoke, la tercera Bingo. ¡Ni que estuvieramos en un crucero! Pero la gente se enrolló con el Karaoke, me apunté al Bingo (first time in my life que juego) y pasé unos buenos ratos, entretenida. 

Unaa salmonera

La segunda noche proyectaron un documental sobre ecología donde los criaderos de salmón, que al parecer abundan en Chile, salieron bastante mal parados. Hay un fuerte movimiento para evitar que los vayan poniendo cada vez más al Sur, en la medida en que van empobreciendo los fiordos y ensenadas por donde se van estableciendo. Los antibióticos y los salmones que se escapan y que se establecen en esos lugares como especie invasora y muy depredadora son el mayor problema.

Por lo menos había ahí una docena
de lobos marinos
Ya antes de zarpar se veían lobos marinos en la bahía. Después, dos días después exactamente, algunos delfines vinieron a saludarnos, y vislumbramos alguna orca y alguna ballena pequeña. Ya había dicho el capitán que como mucho se veían los chorros que echan y alguna aleta, y poco más vi. Algún que otro lomo para creer que efectivamente eran lo que decían. Sin ser especialista en el tema, me atrevo a decir que sólo vimos orcas. Pero a la gente le gusta poner mucha literatura a sus aventuras. 

A pesar de todos los entretenimientos, hay muchos ratos muertos y te llegas a aburrir. Ahí el Quizz extra que me compré para el avión vino al rescate. Y Kirmen Uribe.

Los fiordos patagónicos no responden al imaginario, al mío por lo menos. No tienen grandes cortes ni altos acantilados, vas todo el rato rodeado de suaves colinas, algunas rocosas, algunas boscosas. Son un serpeteante laberinto de canales, islas y peñascos que con la niebla adquieren un tinte fantasmagórico. 

Vi algunos témpanos de hielo flotando, y a lo lejos lo que nos dijeron que era un trozo de glaciar desprendido flotando, muy extenso y alto.

Se acerca el fin al del viaje. Pasamos por el paso más estrecho de toda la ruta, el Paso Kirke. Supuestamente, una hora antes de llegar. Ya tenía el plan hecho: aposentarme, pasar por la agencia con la que iba a contratar el treking, ultimar los planes y... tomarme una cerveza!! 

Lo que se observa al fondo es el trozo de glaciar

Pero la naturaleza es caprichosa. El viento impidió la maniobra de acercamiento, y al final la ventana de mejoría fue a las 12 de la noche. Como las posibilidades eran las 12 o las 3 de la mañana, nos permitieron dormir en el barco y desembarcar a las 7 de la mañana previo haber desayunado. ¡Qué cabrones! Algo sabían que no habían hecho los camarotes. 

Esta vez el pánico no fue tanto, ya que la mayoría de la gente estaba comunicada: había cobertura porque estábamos fondeado a unos... voy a decir que entre 3 y 5 km del puerto. Yo no. Cambié el chip por uno con mayor cobertura, supuestamente, pero algo no funcionó. Así que esa tarde fue un mucho de aburrimiento. 

Vista desde el barco parado

Reflexión personal del día: si a mí me dice alguien hace unos años que iba a llegar dos días tarde a algún sitio y que me lo iba a tomar con esta calma, le tildaría de lunática. Me lo tomé como un ligero contratiempo, con algo de desazón, pero nada de engorilarme, que yo era mucho de eso. Nada de gritar o llorar, dependiendo del grado de frustración. Ayudó que no hubiera perdido ninguna reserva a excepción del hostel, que como ya he dicho me salió a cuenta.

Agur, ferry!

Mira qué lo advierten cuando coges el billete, pero no te crees que pueda ser así. Dicho por el personal del barco, ocurre a menudo.




PUERTO VARAS


Abandoné Santiago camino del Sur. Primera parada, Puerto Montt. Destino: Puerto Natales, desde donde se parte para ir al Parque Nacional de las Torres del Paine. Parque mítico de la Patagonia chilena. Intención: hacer algún recorrido de montaña y ver las famosas Torres, pilares de granito casi verticales que dominan el Parque.

Aquí no se dice STOP
Hice un riguroso estudio sobre cómo llegar a Puerto Natales, localidad de entrada al parque. Al final, me decidí por un ferry que tarda 3 días largos pero que pasa por fiordos, se acerca a glaciares y ofrece la oportunidad de avistar aves, ballenas o lobos marinos. A priori suena fantástico. Ya os contaré. 

Para ello, había que llegar primero a Puerto Montt, lugar de inicio del viaje en ferry. Las opciones: avión o bus. Me decanté por o último. Un bus nocturno, de las 12 horas de viaje te pasas un montón durmiendo. Elegí salón cama, lo segundo mejor que hay, en un fila de a uno, que hay otros que son de filas de dos, y eso es no mola. Supercómodo. Y muy asequible. Todo ventajas respecto al avión. Lo coges y te deja en el centro, no hay que estar dos horas antes, no pagas por la maleta... No te dan de comer, pero eso se resuelve fácil. 

Lago Llanquihue 

Como Puerto Montt no debe tener mucho encanto, me alojé en Puerto Varas, localidad turística a 20 km, en la orilla del lago Llanquihue, segundo mayor lago de Chile.

Y cuando digo turística no os hacéis una idea. Está lleno de gente; muchos, chilenos que están aquí de vacaciones. La verdad es que la zona lo merece. Hay muchos pueblos alrededor del lago, y el top es que desde muchos se ve el Volcán Osorno, que todavía tiene nieve en su cumbre.

Puerto Varas tiene origen alemán, del asentamiento de unos colonos alemanes ganaderos que llegaron aquí en los siglos XVIII y XIX, animados por el gobierno de la época como forma de extender la soberanía del país al remoto Sur. Sus calles tienen nombres de Santos y Santas, o de alemanes. No es que valga mucho, dejando de lado que tiene todos los servicios y muchos bares y restaurantes, pero algunas de sus casas son muy especiales. Y un Museo, el de Pablo Fierro, que es laberinto de estancias, escaleras y recovecos absolutamente lleno de cuadros del artista y objetos y cachivaches de todo tipo. Polvoriento a más no poder.

El Museo

Vine con la intención de hacer monte, alguna ruta por el Volcán Osorno, o alguna otra. Pero, como me pasó en Rapa Nui, aquí nada es fácil. O tienes tu coche para moverte a tu aire, o casi todos los tours que se ofrecen son muy turísticos, esto es, mucho coche para ver algún punto de interés (sea pueblo, cascada o puertito) y poco caminar.

Menos mal que el propietario del hostel donde me alojaba vino al rescate y organizó una salida en la que caminamos una 5 horas por las laderas del Volcán, ya que subir no se podía por la nieve y la falta de equipamiento adecuado. Una bonita salida, sólo afeada por el telesilla de la estación de esquí. Después, fuimos a ver el Salto de Petrohué, que no hay que renegar de hacer turismo del típico.

Cerca, Puerto Octay, Frutillar y Llanquihue. Y allí que me fui, en el colectivo, o sea, en bus, a investigar esos pueblos. 

Puerto Octay

Puerto Oktay es también de apariencia alemana, y tiene una costanera (paseo de costa, os lo habréis imaginado) pequeña. En los alrededores de la iglesia hay algunas casas que son patrimonio, del estilo a las de Puerto Varas. Para un par de horas está bien. Yo me he tenido que quedar 3 por un tema de coordinación de horarios. El transporte público es lo que tiene.

Tienes que ir a Frutillar. Es lindísimo! me dijo un chileno en Rapa Nui. Pues es horroroso. Bueno, a lo mejor fuera de temporada la costanera tiene su encanto, pero cuando yo fui era como haber llegado a la playa de Benidorm en plena temporada alta. La única satisfacción fue que había despejado y vi el Volcán por primera vez al otro lado de las aguas del lago. Así que me bajé del bus, hice unas fotos y pregunté dónde se cogía el bus para seguir camino. Ni media hora hice.


Más tranquilo me pareció Llanquihue. La costanera es bonita, tiene un par de playas, y una explanada para diferentes actividades. Que ahí hubiera un conciertito de un grupo local ayudó. Y que el ambiente era otro, no tanto de veraneo. De hecho, volví para tomar un poco el sol y bañarme. 

Dato anecdótico del día: hay un dicho chileno que dice que donde hay un Montt hay un Varas. Y se cumple. En Santiago había dos calles paralelas, y aquí dos puertos cercanos. El dicho viene de cuando la presidencia de Manuel Montt, que tuvo como ministro, asesor y amigo a Antonio Varas, al punto de hacerse inseparables. Y los chilenos han aprovechado el tema, a lo que se ve.


domingo, 9 de febrero de 2025

SANTIAGO II

Palacio de la Moneda 

Vamos con el turismo, que a eso vine. Yo me he alojado en el barrio Brasil. Me parece una buena opción a mitad de camino entre el centro y otras zonas del oeste, y cerca de la parada del bus del aeropuerto. La guía habla de su esplendor decadente, pero yo he visto más decadencia que esplendor. Hay

Ejemplo de casa con
más arte que menos

muchos edificios venidos a menos, llenos de murales y grafitis con más menos arte. Más bien tirando a menos. Cerca está el barrio Yungay, de similares características pero que parece se está poniendo de moda. La Oficina de Turismo ofrece una visita guiada por él, algo tendrá además de grafitis con más arte que en el barrio Brasil. Cualquiera de los dos barrios me ha parecido el paraíso para los ocupas, a juzgar por la cantidad de edificios abandonados que he visto. Pero también hay muchos bares y restaurantes, a precios más asequibles que en otras zonas. Aunque sea uno de esos barrios en los que no hay que caminar de noche.

Al oeste queda el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, un edificio brutalista (esto me lo chivado Patxi) inaugurado en 2010 para exponer y que no se olviden las atrocidades que cometió el gobierno de Pinochet. No entré, por la misma razón que no entré en Auschwitz en su día ni en el Museo de Srebenica  cuando estuve en Sarajevo. No valgo para ver esas cosas, no puedo, sobre todo cuando ya sabes lo que pasó. Pero entraba mucha gente, familias, que salían comentando lo visto. Vamos, cuidando de la memoria histórica igual igual que en España. 

Cerca está el Parque Quinta Normal, un pedazo de parque de 40 ha donde los santiaguinos practican deporte, pasea, hacen picnic y andan en pedaló. Y también una biblioteca enorme. 


Lo que denominan Centro es una zona amplia, una especie de gran triángulo entre un río inmundo, la famosa Alameda, que no tiene álamos (los debió de tener alguna vez), y una autopista. Ahí están la plaza de Armas, centro simbólico de Santiago, el Museo Precolombino, el Palacio de la Moneda, el Mercado Central y los barrios Lastarria y Bellas Artes.

Intentad leer lo que pone.
El Museo Precolombino, que abarca muchos siglos y una amplia diversidad cultural americana antes de la llegada de los colonizadores. Objetos de cerámica negra y de colores, de piedras diversas, momias de Chinchorro, objetos de oro o plata, colecciones de textiles andinos, tallas de madera... innumerables objetos que observar con detenimiento porque cada uno es más alucinante que el otro. Calculad una mañana, que yo no soy de explayarme mucho en los museos, y en éste me tiré más de 3 horas, y eso que no es grande.

El Palacio de la Moneda está reconstrido, obviamente. Delante tiene 26 banderas de Chile, una por cada región del país. Pues tienen un problema, porque han reorganizado el tema y tienen una región más. Tendrán que romperse la simetría, o moverlas todas. La bandera que ondea sobre el Palacio tiene el escudo del país sólo cuando el presidente está en él. Cuando estuve yo andaba por Uruguay, así que tocó bandera limpia. 

El Mercado Central

El Mercado Central, donde mayormente se vende pescado, está muy vendido al turista: la mayoría del espacio y de los puestos lo ocupan pequeños restaurantes donde te sirven el pescado y los mariscos que venden en él. No sé si nadie se animará a ir a hacer su compra habitual allí. Cerca, La Pijera, el único sitio de los que he estado que se podría asik8lar a lo que nosotros llamamos taberna.

Centro cultural Gabriela Mistral 
Los barrios Lastarria y el de Bellas Artes, muy próximos, albergan el Museo de Bellas Artes, el de Artes Visuales y el Centro Cultural Gabriela Mistral. Todos absolutamente recomendables. Este último, su primera versión, fue construido para acoger una conferencia sobre cómo acabar con la pobreza. Manda c.... Luego fue sede del gobierno de Pinochet, que no quiso ocupar el Palacio de la Moneda, bueno al principio tampoco estaría muy habitable, digo yo, y ahora está renovado para convertirlo en un moderno edificio de acero corten.

En el barrio Lastarria hay un mercadillo, el primero que vi con algo de nivel. Hasta entonces, a pesar de anunciarse como mercados de artesanía sólo había visto vulgaridades industriales. Está al lado del MAV, y el domingo estaba más concurrido y con más puestos que otro día que pasé por allí. Vi mucha juventud, con pinta de alternativa y mucho tatuaje. Bueno, lo de los tatuajes es una pasada en todo el país. 

Esos pabellones son los mercados.
Al otro lado del Río Mapocho (sí, el inmundo río tiene nombre), están  los mercados de La vega, el de La Vega Chica, el Tirso de Molina, todos mercados de abastos conjugados con las cosas más insospechadas: desde electrodomésticos al lado de carnicerías hasta cosméticos al lado de la fruta. Y sus ingentes cantidades de puestecitos alrededor y gentes varias vendiendo lo que sea. Un hervidero de gentes varias. Que sepáis que me comí una fresas y unas cerezas de muerte. Y bien baratitas.

Y al lado de esa zona, el barrio de Bellavista. Fui porque tiene un funicular que sube al Cerro de San Cristóbal,  pulmón de Santiago. El cerro tiene, entre más cosas, un santuario de la Inmaculada Concepción, poco más que una ermita, la verdad, y una pedazo de estatua de la interfecta que para qué, pero ofrece una vistas insuperables de la ciudad y muchos paseos que a lo mejor con otra temperatura se podrían recorrer. Y el barrio sólo tiene bares y restaurantes. Flipé. Luego ya leí que es la la zona de marcha, de carrete le dicen aquí.


El Barrio Italia es el más alejado. Aquí también hay bastantes tiendas con cosas originales, librerías independientes y diseñadores locales, todo a lo largo de la Avenida Italia. En una de sus manzanas, en un edificio singular, se ubican restauradores de muebles y anticuarios. A pesar de estar de moda, parece que conserva algo de su personalidad obrera, porque aquí comenzó el movimiento social que dio paso a lo que se denomina el estallido social de 2019.


El descanso de la guerrera al final
del arduo y caluroso día 
Viajar sola hace que no haya podido palpar el ambiente de las zonas de bares ni el nocturno. Algún inconveniente tiene que tener. En fin. Pero me ha parecido una ciudad fácil a pesar del miedo que te inculca la gente cuando les cuentas que te vas sola. Como en cualquier lugar, hay que tomar las debidas precauciones. E informarte in situ. Y ya.




sábado, 8 de febrero de 2025

SANTIAGO I

 


Después de una primera toma de contacto, volví a Santiago para días.  Es muy grande, se calcula que en la región metropolitana hay mas de 8 millones de habitantes,  pero lo que hay que ver o pasear, si te organizas bien, se puede hacer caminando. Si te gusta caminar, claro, porque algunas distancias sí son largas, sobre todo cuando te planteas volver al alojamiento al final de la jornada. Si no fuera por el calor que ha hecho, que a las 5 de la tarde todavía pega el sol como si fuera mediodía, lo hubiera hecho caminando. Pero no hay calzado que no te haga ampollas con ese calor. Me salieron unas cuantas, que aún arrastro. Así que he utilizado el metro en más de una ocasión. 

La famosa alameda por donde
pasará el hombre libre

Voy a definir Santiago como un gran mercadillo. Aquella primera impresión se confirma: no hay boca de metro, estación de autobus, entrada a atracción u organismo, alrededores de supermercado o mercado, calle comercial e incluso algún que otro transitado semáforo en el que no haya alguien vendiendo las cosas más insospechadas. Hasta ibuprofeno he visto. Y la gente compra, aunque no sé si dará para todos. 
Otra cosa que me llamó la atención ya la primera vez, son las ópticas. En todas hay alguien en la calle, con un cartel, pregonando sus ofertas yvendiendo sus excelencias. En todas la misma, por cierto, así que se lo podían ahorrar.

Tiene muchas zonas verdes. Plazas, boulevares... todo está arbolado y ajardinado, y las gentes se sientan en el verde a la sombra a descansar, a comer, a echar la siesta antes de volveral trabajo, o a pasar la tarde con familia o amigos. También hay varios grandes parques.

Iglesia de San Francisco 

Ha sido devastado por sucesivos terremotos,  el más gordo aquí en 1647, por lo que todo ha sido reconstruido en más de una ocasión. Hay una iglesia, la de San Francisco, que ha resistido todos. Sí han tenido que reconstruir la torre,  pero la iglesia en sí ha resistido. Recientes estudios han descubierto en su subsuelo una especie de cajones rellenos de arena que al parecer han podido funcionar como sistema antisísmico. Mucha tecnología para aquel 1618 en el que se terminó de construir. Todavía están estudiándolo. Otra curiosidad: ¡tiene un artesonado mudéjar! La guía no acertó con la palabra, y ahí que entré en su ayuda. 

Cuando consiguieron la independencia,  y para diferenciarse de todo lo que sonara a español o colonial, se inspiraron en París como modelo, por lo que hubo muchos arquitectos franceses, y más tarde miraron hacia New York y Chicago. 

Contrastes: en orden, s XIX, s XX, s XVIII

Me ha parecido bastante tranquilo, excepto en los alrededores de las estaciones de bus y tren, que es una auténtica locura. Hablan bajo y hasta los niños me ha parecido bastante más silenciosos que en lo nuestro. Eso sí, ya me explicó el taxista el primer día que cuando anochece, o a partir de las 11 de la noche, no hay que andar por segùn qué calles, ni coger transporte público. La verdad es que he visto poca gente tirada o pidiendo para el tamaño de ciudad que es. A excepción de las cercanias de las citadas estaciones.
Más contrastes: clásico vs moderno

En 2019 hubo un gran estallido social. El detonante: la subida de 30 pesos del billete de transporte. Se produjeron grandes manifestaciones y quedadas para saltar los tornos del metro. Más de 30 muertos más tarde parece que se mejoraron algo los salarios, hubo mejoras en las pensiones y en la asistencia sanitaria, pero del precio del transporte no he averiguado nada.


Combinando el plano que te dan en la Oficina de Turismo,  y otro que se llama Santiago Esencial y que da recomendaciones de zonas, paseos y monumentos te puedes arreglar perfectamente.