sábado, 8 de febrero de 2025

SANTIAGO I

 


Después de una primera toma de contacto, volví a Santiago para días.  Es muy grande, se calcula que en la región metropolitana hay mas de 8 millones de habitantes,  pero lo que hay que ver o pasear, si te organizas bien, se puede hacer caminando. Si te gusta caminar, claro, porque algunas distancias sí son largas, sobre todo cuando te planteas volver al alojamiento al final de la jornada. Si no fuera por el calor que ha hecho, que a las 5 de la tarde todavía pega el sol como si fuera mediodía, lo hubiera hecho caminando. Pero no hay calzado que no te haga ampollas con ese calor. Me salieron unas cuantas, que aún arrastro. Así que he utilizado el metro en más de una ocasión. 

La famosa alameda por donde
pasará el hombre libre

Voy a definir Santiago como un gran mercadillo. Aquella primera impresión se confirma: no hay boca de metro, estación de autobus, entrada a atracción u organismo, alrededores de supermercado o mercado, calle comercial e incluso algún que otro transitado semáforo en el que no haya alguien vendiendo las cosas más insospechadas. Hasta ibuprofeno he visto. Y la gente compra, aunque no sé si dará para todos. 
Otra cosa que me llamó la atención ya la primera vez, son las ópticas. En todas hay alguien en la calle, con un cartel, pregonando sus ofertas yvendiendo sus excelencias. En todas la misma, por cierto, así que se lo podían ahorrar.

Tiene muchas zonas verdes. Plazas, boulevares... todo está arbolado y ajardinado, y las gentes se sientan en el verde a la sombra a descansar, a comer, a echar la siesta antes de volveral trabajo, o a pasar la tarde con familia o amigos. También hay varios grandes parques.

Iglesia de San Francisco 

Ha sido devastado por sucesivos terremotos,  el más gordo aquí en 1647, por lo que todo ha sido reconstruido en más de una ocasión. Hay una iglesia, la de San Francisco, que ha resistido todos. Sí han tenido que reconstruir la torre,  pero la iglesia en sí ha resistido. Recientes estudios han descubierto en su subsuelo una especie de cajones rellenos de arena que al parecer han podido funcionar como sistema antisísmico. Mucha tecnología para aquel 1618 en el que se terminó de construir. Todavía están estudiándolo. Otra curiosidad: ¡tiene un artesonado mudéjar! La guía no acertó con la palabra, y ahí que entré en su ayuda. 

Cuando consiguieron la independencia,  y para diferenciarse de todo lo que sonara a español o colonial, se inspiraron en París como modelo, por lo que hubo muchos arquitectos franceses, y más tarde miraron hacia New York y Chicago. 

Contrastes: en orden, s XIX, s XX, s XVIII

Me ha parecido bastante tranquilo, excepto en los alrededores de las estaciones de bus y tren, que es una auténtica locura. Hablan bajo y hasta los niños me ha parecido bastante más silenciosos que en lo nuestro. Eso sí, ya me explicó el taxista el primer día que cuando anochece, o a partir de las 11 de la noche, no hay que andar por segùn qué calles, ni coger transporte público. La verdad es que he visto poca gente tirada o pidiendo para el tamaño de ciudad que es. A excepción de las cercanias de las citadas estaciones.
Más contrastes: clásico vs moderno

En 2019 hubo un gran estallido social. El detonante: la subida de 30 pesos del billete de transporte. Se produjeron grandes manifestaciones y quedadas para saltar los tornos del metro. Más de 30 muertos más tarde parece que se mejoraron algo los salarios, hubo mejoras en las pensiones y en la asistencia sanitaria, pero del precio del transporte no he averiguado nada.


Combinando el plano que te dan en la Oficina de Turismo,  y otro que se llama Santiago Esencial y que da recomendaciones de zonas, paseos y monumentos te puedes arreglar perfectamente. 

martes, 4 de febrero de 2025

RAPA NUI

Ahu Tongariki

Siempre me ha llamado la atención la Isla de Pascua. No sé por qué, la verdad. No creo que sea por la canción de los Zombies.  Pero esas figuras de piedra, esas gigantescas tallas ... algo tienen.

La verdad es que Rapa Nui es más una isla polinesica que Chile. La fisionomía y los rasgos de la gente, el folklore... Ellos no se consideran chilenos, y están trabajando por una mayor autonomía. 

De hecho,  cuando llegas al aeropuerto la costumbre es que desde el alojamiento te vengan a buscar y te reciban con guirnaldas de flores. Como he visto en tantas películas. No, no hay foto.
Cuando salí no había ningún cartel ni con mi nombre ni con el del establecimiento donde me iba a alojar. Pasaba el tiempo, seguían llegando coches, pero mi nombre seguía sin aparecer. Encendí el teléfono, a ver si había algún mensaje... Cómo no, la segunda en la frente, no tengo cobertura. La compañía que me recomendaron no tiene cobertura aquí. El aeropuerto no tiene WiFi. A punto de entrar en pánico cuando por fin vi mi nombre. 


No es una isla fácil. Ni barata. No hay transporte público, y a muchos de los lugares que hay que visitar hay que ir con guía. Por lo tanto, es obligado apuntarte a un tour con la agencia de turno o alquilarte algún medio de transporte, sea coche, moto o bici. Además, hay que comprar una entrada que te permita entrar a esos lugares. A algunas una sola vez, a otros sitios se puede entrar más veces. Hay pocos sitios a los que se pueda ir por libre, pero te tienes que buscar un medio de transporte, y no son baratos. A no ser que te apetezca caminar mucho. Pero mucho. Y con un calor pegajoso que te aplasta. Por ejemplo, la distancia a Anakena, la única playa de verdad y de acceso libre, son 18 km. Para ir andando no, desde luego, en bici no sabría calcular.
En mi caso, hice el tour con el propietario del hostel donde estaba, un lugareño profundo conocedor y amante de sus costumbres, que me explicó la mayor parte de lo que os voy a contar. 


En pandemia la isla estuvo 3 años cerrada. Al segundo año se hizo una votación (no un referéndum,  aquí deciden las cosas asambleariamente, a lo que se ve) y salió que no. Al tercero salió que si por poca diferencia. Y eso que viven del turismo. Parece que antes todo era más descontrolado, y esto les sirvió para poner orden. Se  calcula que fueron 2.000 chilenos (ellos les dicen así a los del continente,  con un punto de desprecio me ha parecido) los que  se fueron de la isla entonces. Como me dijo el  chófer que vino a recogerme, se fue mucha gente que no correspondía. En total no llegan a 8.000 habitantes,  se fue casi un cuarto de la población. 
Me llamó la atención la cantidad de perros callejeros que hay. El guía me dijo que los dejaron los  chilenos cuando se marcharon. No sé si será verdad.

Una de las cosas más alucinantes que me han pasado ha sido al bañarme en unas calitas que hay en el único pueblo de la isla. Hay tortugas marinas, grandes, nadando allí tranquilamente. No les molestan los bañistas, ni los surfers... Es más, una me utilizó a mí para darse impulso. Pasé mogollón de tiempo en el agua y en la orilla observándolas.

Primera generación 
Vamos con los moais. Son estatuas para demostrar el poder de los nobles del momento, entre los años 1500 y 1700. Se asientan sobre plataformas llamadas ahu, que son enterramientos de los citados nobles y sus familias. Se dividen en 3 etapas: en la primera eran pequeños, luego se fueron  viniendo arriba y los fueron haciendo más grandes, y en la tercera etapa les ponian ojos de coral blanco y pelo. Porque esa especie de tocado que yo pensaba que eran sombreros representa el pelo. No tienen pies porque los nobles no caminaban, siempre eran porteados.

Segunda generación 

En la cantera donde los tallaban han quedado algo más de 400 moais, y hay casi 900 en toda la isla. Cuando alguien cometía algún error o se les rompía el moai, los mataban y se los comían. Aquí se ha practicado el canibalismo hasta alrededor de 1700. No sólo se los comian, los reciclaban completamente: con los huesos hacían anzuelos y agujas, con el pelo, que lo debian de llevar larguísimo, cuerdas para las cañas de pescar... sin saber nada de las 3 Rs!

Tercera generación 

El único moai que tiene pies es uno que los trabajadores de la cantera dedicaron a un sabio meteorólogo. A los nobles no les gustó la idea y mataron, y por ende se comieron, a los trabajadores, y, lo que es peor, al pobre sabio, que qué culpa tendría. 
No parece que se pasara hambre en aquella época, a juzgar por la cantidad de moais rotos que vimos en la cantera.


Dejé la isla cuando estaba a punto de comenzar el Tapati, un festival folclórico donde compiten entre diferentes agrupaciones para ver quién hace el mejor baile/actuación. Pude asistir a varios ensayos, llevada por el oído a varios pabellones. Me sorprendió la cantidad de cahavalería, chicos y chicas: vi dos grupos de por lo menos 50 personas cada uno, edades que podrían corresponder uno a la ESO y el otro a Bachillerato. Si queréis ver un video, pinchad aquí. También hay grupos familiares, asociaciones culturales... vamos, todo el mundo. 

Hay que buscar 5 moais. Por sus narices los conoceréis...

Ah! Y en al avión me felicitaron. Hay que rellenar un cuestionario de entrada y supongo que lo verían ahí. Menos mal que lo hicieron bastante discretamente. Me dieron una magdalena con una trozo de papel de plata asemejando una vela. ¡Qué majos!



lunes, 3 de febrero de 2025

VIAJE Y PRIMERAS IMPRESIONES

"Idoia, ¿ya vas a poder volar mañana?" Esta es Espe desde primera hora de la mañana del domingo. Por si no estaba suficientemente nerviosa. No sé si lo recordáis,  pero el fin de semana previo al lunes de mi temprano vuelo (6:45 de la mañana) estuvimos en avisos amarillo y/o naranja por viento. Todo el día pendiente del parte meteorológico. Al final, me dio un sabio consejo: mira a ver si el último vuelo de Madrid aterriza, y en ese caso no habrá problemas; si no, cógete un bus a Barajas por la noche. Perfecto. Espero. Y a eso de las 9 de la noche recibo un SMS de Iberia diciendo que el vuelo ha sido cancelado. Y a coger a toda ostia el bus, que habría mogollón de gente en la misma situación. Y con un poco de problemas técnicos y la ayuda de Espe, billete conseguido. ¡¡Salvada!!


Después de cinco horas de bus, otras 5 de aeropuerto y 13:45 horas de vuelo llegué a Santiago. Arduo viaje. A la cama a las lo que para mí eran 02:30 de la madrugada del martes. Menos mal que no arriesgué y contraté un taxi directamente con los del hostel, servicio puerta a puerta. En realidad, aquí eran las 10:30. Tenía mucho tiempo para recuperar sueño. 

Tenía un día completo en Santiago antes de volar a Rapa Nui. Día para situarme, controlar el camino de vuelta del aeropuerto para cuando regresará, hacerme con una tarjeta para el teléfono...
En el hostel me informaron de que no hay que comprar un número de teléfono para funcionar allí,  te compras lo que ellos llaman un chip,  que viene con una carga de llamadas y datos, y  cuando se acaban decides si lo recargas o te compras otro. Cada chip puede costar 1000 o 2000 pesos, esto es, alrededor de uno o dos euros. Le pregunté al del quiosco a ver qué compañía me convenía, y ya me recomendó una. 1000 pesos por no sé cuantos minutos de llamadas, mogollón de SMS y 1 Gb de Internet. Iré viendo cómo va la cosa.

Me acerqué a la oficina de Turismo. Me dieron el consabido plano, y unos chicos muy amables me dijeron que en 10 minutos iba a empezar una visita guiada. Me apunté.  No era general, el tema iba de iglesias pero para situarme me valía igual. Y fue muy acertado, porque las explicaciones incluían mucho de historia, antigua y reciente, de terremotos varios y bastante de arquitectura.
Callejeando me llaman la atención varias cosas: hay vendedores con puestos variopintos, o simplemente neveitas de camping con ruedas, vendiendo de todo: helados, fruta, bebidas, empanadas,  ensaladas, souvenirs,  tabaco, cascos... en los parques, por la calle, delante de los hospitales o bibliotecas, por doquier. También hay hombres limpiando coches aparcados, con un  cubo y un mísero trapo, no se ve de dónde pueden sacar el agua.


A la hora de comer, me aventuro en una galería para no morir de calor ni tostada por el sol de justicia que hace en esta ciudad. Es lo primero que voy a comer de fundamento,  así que elijo algo limpio: omelete con ensalada. Limpio.... la omelete tenía polo, jamón cocido, queso y.... exactamente,  la primera en la frente, ¡¡cilantro!!
Y además:
Hola, ¿de dónde es usted?
De Bilbao.
Hombre, Athetic de Bilbao. Venga, aquí hasta hace gracia la cosa.
En un partido Madrid Barça, ¿con quién iría? Esto ya no va tan bien...
Y eso que pasó en Valencia, terrible, ¿no? Que el gobierno avisó tarde. Uff, no me callé. Y al comentarle que no fue el gobierno si no las autoridades locales, algo me dijo sobre Venezuela, que no entendí bien y a lo que no entré.
A la hora de pagar: ¿quiere añadir la propina? NO

jueves, 30 de enero de 2025

¡¡OTRO SABÁTICO!!

Pues sí. Parece mentira, pero ya han pasado 10 años desde el anterior. Y tenía claro que iba a volver a hacerlo para celebrar los 60, la fecha lo merece. La fecha, no; yo, más bien.

Así que a 30 de junio abandoné todas mis obligaciones,  y desde entonces me he dedicado en cuerpo y alma a algo que he descubierto se me da bastante bien. No hacer nada, más que planificar escapadas y llevarlas a cabo.

En julio, la acostumbrada travesía por Pirineos. Agosto con calma, que no había que apurar, aunque una visita a Asturias cayó, que hacía tiempo que quería ir a ver una central hidroeléctrica en Grandas de Salime, que sólo la abren al público los jueves y no es tan fácil ir.

El 1 de septiembre lo celebré subiendo al Middi d'Ossau, monte que siempre me ha gustado, y al que le tenía tantas ganas que hasta me lo tatué. 


Siguiente escapada a Estocolmo. Con Bego, mi hermana, recién jubilada, que tuvo a bien apuntarse al plan. Cinco estupendos días en los que nos hizo un tiempo espléndido para que pudiéramos patearnos la ciudad y disfrutar de sus innumerables parques. Hasta nos bañamos. En dos sitios distintos. No sé si computa como Báltico, pero Bego y yo opinamos que sí. 

Lo siguiente, Sarajevo. Con Espe y Mar. Esta última llevaba tiempo esperando a mi año sabático para hacer ese plan. Estuvo fenomenal, y mejor aún gracias a las propuestas de Rut.



Ya no me acuerdo del orden, pero también hice una escapada a Soria, en un encuentro vasco-astur.

Uno de los top del año fue un safari a Tanzania con todos mis sobrinos. Este hubiera merecido una entrada aparte, aunque hubiera escrito poco, sólo hubiera puesto fotos. La experiencia fue una pasada: el safari en sí, y la convivencia con mis sobrinos. 

Y digo uno de los top, porque ahora estoy en Chile. He cruzado el charco para 3 meses. Chile y Perú. A Chile he venido sola, motivo por el cual me he animado a rescatar este bog que quedó abandonado a mitad del viaje a Albania del 2021. Cuando no viajas sola es lo que tiene, que encontrar momentos para escribir no es tan fácil. Perú lo haré con amigas, que se vienen para acá en marzo, espero encontrar momentos para escribir cuando esté con ellas. Escribo esto en la Isla de Pascua,  a donde he venido el mismo día que cumplo 60. Regalazo que me he hecho.

Pero no adelantemos acontecimientos. Habrá siguientes entradas.

domingo, 17 de octubre de 2021

RECORRIENDO EL PAÍS I: BERAT Y LA COSTA JÓNICA

Berat, la ciudad de las ventanas.

Madrugamos un montón para ir al aeropuerto con Espe, y coger allí un coche para seguir con la parte turística del viaje, ya sin ella. El plan era  viajar hasta Gjrokastra, ciudad situada bastante al sur, y aprovechar el viaje para hacer diversas paradas.

Llegamos a Berat a media mañana. Berat es una localidad otomana con mucho encanto, muy diferente de lo que había visto hasta ahora. Está emplazada en un meandro del río Osum, en un paraje incomparable, y está muy bien conservada. Es Patrimonio Mundial de la Unesco, y no me extraña. En la foto se aprecia claramente el motivo por lo que le llaman la ciudad de las mil ventanas. La uniformidad de las fachadas le confiere un encanto especial. Callejeamos un poco y subimos al castillo/ciudadela, situado, lógicamente, en la parte alta de la ciudad. Además de un laberinto de callejuelas, allí se pueden encontrar diferentes iglesias y mezquitas. Una de esas iglesias, la de la Dormición de la Virgen, acoge el Museo Onufri, dedicado a un destacado pintor de iconos. Tanto la iglesia, con un espléndido iconostasio, como el Museo, son de obligada visita. Vimos unos iconos bizantinos espectaculares. 

Después de un piscolabis, nos pusimos otra vez en marcha. Hay una manera más directa de llegar hasta Gjrokastra, de unas 3 horas para hacer unos 160 km, pero elegimos el camino de la costa Jónica porque no íbamos a volver a pasar por allí y por si caía un baño. Eran el doble de kilómetros, pero no pensamos que iba a ser para tanto. Craso error. Domingo de agosto. No calculamos bien lo que eso significa en Albania, donde no hay circunvalaciones, ni nada que haga el viaje algo más llevadero. Las localidades que pasamos eran todas un horror turístico, no pudimos aparcar en ningún sitio para darnos un baño, y tardamos más de 6 horas en llegar a destino.  Una pesadilla de viaje, vamos. 


La carretera es muy sinuosa, y hay que pasar un puerto de montaña, además de  atravesar un montón de poblaciones de costa que, como ya he comentado, no tienen circunvalación. En la foto, la costa Jónica desde el puerto del Monte Çika, a 2045 m. Creo que esta zona merece una visita detenida, en otra época del año y con más tiempo para ir parando a dormir en las diferentes localidades del camino, que aunque tienen 0 encanto, permiten disfrutar de la costa, que tiene pinta de merecer mucho la pena.

Total, que llegamos a Gjrokastra de noche, en mi caso agotada de la conducción, las demás antzeko parecido. Menos mal que gracias a GoogleMaps, y a un albanés amable que nos vio un poco perdidas por el pueblo y se acercó a ayudarnos, conseguimos encontrar la casa con bastante acierto. 

 Vaya aquí un consejo para cualquiera que vaya a viajar en coche por Albania. Si le preguntáis a GoogleMaps cuánto se tarda para ir de un sitio a otro, calculad por lo menos la mitad más.